BLOG DE CULTURA CLÁSICA DEL IES FRANCESC RIBALTA DE CASTELLÓN


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sábado, 14 de marzo de 2015

Furius Baco


¿Reconoce el lector qué es la foto mostrada aquí arriba? La pista ya está dada: es una atracción de Port Aventura. Ruego atención sobre el espacio entre las dos filas de pasajeros. Barriles. Toneles de vino. Sí, como el título les ha hecho deducir, damas y caballeros, estamos hablando del Furius Baco.

La atracción, situada en el área Mediterráneo del parque temático, tiene una ambientación simple. Estás en una masía rodeada de viñedos. Poco después de tomar asiento, te ponen un vídeo. El dueño de la finca ha hecho enfadar a Baco, dios del vino, y las maquinarias empiezan a dar problemas. La atracción comienza cuando la pantalla se inunda de vino y sales disparado para salir de allí con vida.



Hace mucho tiempo que no subo a esta atracción, así que no sé si sigue como yo lo recuerdo, pero la atracción funcionaba de esta manera cuando yo hice uso de ella. Port Aventura recurrió a Baco para hacer esta atracción, pero, ¿por qué al dios de la fiesta y el vino?

Queridos lectores, eso es porque la ira de Baco es legendaria. ¿No me creéis? De acuerdo, os pondré ejemplos de lo que Baco (o Dionisio) ha hecho a lo largo de la mitología antigua.

En la obra Las bacantes de Eurípides, Dionisio se encuentra con Penteo, a quien traerá la ruina. Hizo enloquecer a Licurgo, rey de Tracia, y consiguió que matara a su hijo de un hachazo. A los marineros/piratas que intentaron venderlo como esclavo, o bien los mató o los convirtió en delfines, según si intentaron atacarlo o si se tiraron al mar para escapar de su ira.

De esta manera queda demostrada la ira de Baco, buen dios, terrible enemigo. Si alguna vez os pasáis por Port Aventura, acordaos de Penteo y Licurgo antes de subir y haced una ofrenda o dos. Ya sabéis. Por si acaso.

1 comentario:

  1. Es desgarrador leer este fragmento del mensajero 2º sobre la muerte del infeliz Penteo en Las bacantes de Eurípides:

    Y ellas infinitas manos aplicaron al abeto y lo arrancaron de la tierra. Saltó desde arriba y desde arriba hacia el suelo cae dando infinitos alaridos Penteo, porque ya cerca de su desgracia se dio cuenta. Su madre la primera comenzó como una sacerdotisa el sacrificio, y cayó sobre él. Él el gorro de su cabellera arrancó para que le conociese y no le matase, al infeliz, Agave, y dice, la mejilla tocándola: —Yo, madre mía, soy tu hijo Penteo, el que pariste en la casa de Equión; compadéceme, madre, y por mis faltas no mates a tu hijo—. Ella, echando espuma y estrábicas sus iris girando, sin cuidar lo que debía cuidar, dominada por su Baco, no le hizo caso. Agarró con sus brazos la mano izquierda, y poniendo el pie
    en el costado del infeliz, le arrancó el hombro, no por su fuerza, sino por facultad que el dios concedió a sus manos. Ino por otra parte consiguió desgarrar sus carnes, y Autónoe y toda la turba de las bacantes se echó encima, y todo con griterío, él gimiendo mientras pudo tener aliento, ellas gritando victoria. Y una se llevaba un brazo, otra un pie con la misma bota, y fueron desnudados sus costados a tirones, y todas tenían ensangrentadas las manos, y jugaban a la pelota con la carne de Penteo. El cuerpo yace esparcido, parte al pie de las ásperas rocas, parte entre el follaje leñoso de la selva, no es fácil de buscar. Y la infeliz cabeza precisamente su madre en las manos, clavada en el extremo del tirso, como de un león montañés, la lleva a través del Citerón, después de dejar a sus hermanas en los coros de Ménades. Camina orgullosa de su malaventurada presa hacia esta ciudad, invocando a Baco su compañero de caza, su colaborador en el triunfo que la reportará lágrimas. Yo, lejos de esta desgracia me voy, antes de que Agave llegue a esta casa.

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